~ La savia ~ ∅ INIT

La savia

La savia

Sé de una savia sempiterna
que brota desde el comienzo,
un pulso de ámbar ciego que trepa por nuestras ramas.

La agonía de una vida que alguna vez ardió;
ahora oigo el lamento de sus heridas:
ecos del pasado,
de un aire enrarecido asfixiando los brotes y las hojas,
días que no florecieron.

Y Kronos, de espaldas,
deja que el tiempo se desangre.
Todo cae…

La ceniza cae desde una cascada,
cae porque el fuego lo consumió todo,
cae porque ya no hay sustento.

Cae desde que te vi a los ojos:
dos brasas que bebieron de mi resina
hasta volverla humo.

¿Alguna vez fuimos solo uno?

Ni siquiera alcanzamos a fundirnos con el todo.
Una marca embarrada de sedimento,
de una caricia obscena
que no se fue:
se quedó adherida en la corteza.

Soy el sedimento de mi propio incendio,
ahogado en estas aguas espesas de carbono.